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Full text of "La isla de los cánticos"

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BIBLIOTECA ARTIGAS 

COlECClÓiN de CLÁSICOS URUGUAYOS 

VOLUMEN 2 0 



MARIA EUGENIA VA2 FERREIRA 



LA ISLA 
DE LOS CÁNTICOS 



MONTEVIDEO 
1956 



Ministerio db Instrucoón Pública y Previsión Sociai 

BIBLIOTECA ARTIGAS 
Ar. 14 de la Uj de 10 de agosto de 19)0 



CX5M1SION EDITORA 



Clemente Ruccia 
Mioisiro de Irntrucdéa Públict 

Juan E Pivel Devoto 
Düector det Miuco Histórico Nacional 



Dionisio Trillo Pays 
Director de la Biblioteca Nacional 



Juan C Gómbz Alzóla 
Director del Archivo General de ta Nación 



COLEcaóN DE Clásicos Uruguayos 

Vol. 20 
MarIa Eugenia Vaz rEMEiiiA 
LA ISLA DE LOS CANTICOS 



MARIA EUGENIA VAZ PERRURA 



Nadó en Mooievideo el 13 «le julio de 187}, hija 4> 
l&micl Vaz Femir», cnho cocaetdtoce pomi|su¿$, y de OuMa- 
KibeiiOt «ntgiHTa, de Mcendeocia española y portuguesa. 

Ns canó eaodioi tegaiatet. ncibicmlo toda tu iiutnic- 
cite de mi fuaiUuo y de maeitn* privadas. Baío la dirección 
de m tíok el auenro Leóa Bibeiio, adquirió serios conodiaiea- 
los maskales, llegando a let d es o cada pianista y autora de 
csciotables compouciones muy oelebtadas en su ntoniento. Otro 
de sus cío», JuUo Fteite, la inició en el arte de \* pintura, en 
d coal no penevetó. 

Dcide m primera juventud, . c o meinió a escribir poeiiu 
apc ndcaba en fiestas y reuniones sodak*. AlgnnM ot sU* 
oxcolaton manuscritas entre sus amisudes, y ocias ▼ienm la 
hB en las principales reristas ríoplacenses de la época. Pane 
de esa producción inidal fu¿ recogida en antologías tales como 
la CoUcción i* PoKÍM Uruguayas, cotnpilada por Víctor 
Atteguine y aparecida en 1895, y El Parmuo Orienté, publi- 
cado por RaiU Montero Bujumante en 1905. 

Escribió adetnis obras dramfaiOM. luta de las cuales. L« 
Pitirt Filoscfd, drama Utico en un aero cuya música i tiihu-n 
eompuso, hie representada en el Teatro Solís. c! 1^ ¿e ».tiera- 
b« de 1908. El 23 de de ocmbie del año si^iuietue, se estrenó 
M Ja núsiiia sala, una nueva producción suya titulada Lot 
Ptmtlimu, Ambas piezas permanecen aún incditA.^ 

En 1912 fue desiprisd* Secretaria de la Universidad de 
Mujeics, y 1i::_,:-m. i:: 5c Ic toníió liOi citcdra de litcra- 

tuta en ¿1 mismo instituto. Siete años mis taidc. su citado 
de (alud la obligó a abandonar imbos cargos, i tines de 1922. 

Durante sus últimos años, cunifuyo a preparar la publi- 
cación de su obta poética, que hibía proyectado años iitrí* 
bajo los titule» de Fuego •/ M^z'/n.! u Li.: lílm de Orci. Final- 
mente de decidió a dar a prLUjJi. nn.i peiv^t-rLa suiección 
denominada La UU de ¡o¡ cuyjs pruebas ce imprenta 

llegó a cottefiir en pirtc. Su nuü rir, acaecida el 20 de mayo 
de 1924, interrumpió esa tarta. Mas tarde su ticniíanc, el Dr. 
Carlos Vaz Fetreita, completó ia corrección y dio a publicidad 
el libro póctuffio, el cual apareció a comienxos de 192), aun- 



MARIA EUGliMlA V.^ fERflLULA. 



LA ISLA 
DE LOS CÁNTICOS 



Prólogo dé 

wsram ds caceres 



KONTBVIDXO 

1 956 



LA ISI.A 
DE LOS CÁNTICOS 



SEH y POESfA DE 
MARfA EUGENIA VA2 FEñHEIHA 



dÉa4a por anciw rio y por Mitif líos quiutoe. D«edj6 
odlbB dd Plata 7 é^á^ loe árbcles ddt Pr^a h 
Um^n Ráfagu de un &irc Itupiida t fra^sutB. Y 

íir.a I1 ñíTrlínPíl 1-^:: f í>Vní;l.r rí *t i U stistjllci 

dE aua ca^aE bajas, de ;lzj9U'4í& L^IrttijjJudíM^. d« sqíS 
haleoiljU da luErra o ^ minrujl ; bl^HCQ y Deflro 

patios. 

^ «I MaDLevid^o^ Alalina ve£ pdutijoiii — coa 
fmom 7 fíddídul, c^oa ímff pflffün bu modo — wi 

Allí !a vi^H% era t^ríihniUt» y pílt^ncioE». Lei Iuítiéí 

AportH áñ títrM TBlblgTwáaaeay y nutridm finiduneoi^ 

Mm<Mitt; voii iiÜKÚti rAAgo BtAericBiuD autóctono ■ — p». 

t;i4j^ yji íhbHjftdOii a Ja 30cjtdi44j tin TuriLba- 
oeso (!e ertíciüiiíiití?. 



EstjL villa tL4Jili]4i i^LdíJ lurbüdu por el x-iru^iL!^ 
tfidtun^ ni por el coenvQppli tLAUiQ, ul poor 1& vürAdjtüid 



mcrcantO y ptofieaíonalista; no le habían llagado a<bi 
I..S causas de deformación traídas luego por riesgos 
(|ue no fueron resistidos, sobce los que, en pacte, ya 
José Enrique Rodó había advenido a gfSOH» wn> 
¿i^iyas de aquel tiempo. 

En ese Montevideo y en c&4 é[xxn aparecieron 
los primeros artisnis verdaderos del país: los ya libe- 
rados de las precarias influencias culturales del colo- 
niaje; los ptimen» creadores serios ea q» te IbodA 
oueitia caftán y aaam deseo de «er. 



En medio de esta recordada dudad que ya no es, 
vi a María Eu.cienta Vaz Ferreira; empecé a esat- 

charla y a s.iberk. el alma. Fué en aquella Univcf^ 
stdad de Mujeres a donde ella había llegado pata 
enseñar algo más que WiiDlii o crítica Etttaria. Sa 
lección comenzaba en cuanto se la veía; su preaencM 
misma, sola y poderosa, y de una dignidad increíble, 
constituía la mis inolvidable lección (¡we nadie puede 
dar, y que ella impartía en aquella casa de estudios 
como en cualquier áiÉB « éoMe B^|He. 

Era mujer de cara expresiva y profunda, de 
mirada secura y firme; ton un ceño austero y una 
boca caída y dolorosa, en contraposición inn la risa 
fácil y de alca música, con la voz serena y melódica; 
y con un paso suave lleno de maiestad y grada, paso 
con el que María Eugenia vatraba dando siempre la 
impresión de que se desplazaba en rara atmósfera 
de sueños. Así tué lo extraño de su f :-i.ra, ! ■ aparente 
contradicción y la gracia de su figura: por un lado, 
gcoeiott eotfráa a i« amistad, al jue;go de k coo» 
venadóti, «1 uicoeieo daloe y acmoido «m otm 



LA. ISLA DB LOS CÁNTICOS 



almas; pocottD lado, vida vuelta hacia adentlO^ ieMK 
soledad, encierro heroico en si misma. 

De esta contradicción intensa y sorprendente 
nadó sin duda algo de la leyenda de Marta Eugenia, 
considerada siempre como un ser paradojal y extraño. 
Y sí que lo era; sólo que en ella todo csio tomaba 
los tonos de una calidad tan fina y aim iitiia, de una 
Ubectad tan excepcional, que ese paso suave, esa voz 
melódica y ese silencioso doloc de la boca caída 
cobraron foetxa solonoe. 

Fué, pues, criatura recóndita, dueña de un deli- 
cado pudof y de un profundo respeto por su propia 
alma. 

Por eso es tan difícil hablar de su vida; y tan 
arriesgado ceder a la tentaciún de aceptar y divulgar 
un anetdocario que puede dar tan solo !a visión in- 
completa o frivola de espectadores incapaces de per- 
cibir el exacto matiz, la intención profunda, k calidad 
esencial de una ¡xiLibra o de un gtSCO, que en ella 
tenían trasceodciicu tan honda. 



Por otna pane, bueno es preferir la caccgork 
a la anécdota; y libertar, en lo posible, a los estudios 

literarios y al goce de los sentidores de Arte de k 
uiv isir i y aberrante traba <]ue la crítica biográfica, 
como la critica de asuntos, opone al estudio y valo- 
taáóa. de las obr.i.s pa- se. 

La verdadera imagen de María Eugenia Vaz 
Ferreira está en sus cantos. Y desde k puerta de sa 
libro, ya esa itnagen se nos dice según soledad y mú- 
sico. (Celebremos k adecuación del hetmoso nomlxe 

ttX} 



MAKÍA EUGENIA VAZ Fn«BtBA 



de c«c libro! Ea él resplandecea amor de soledad 

Y desuno de cantar qae la arcista ruvo en profundo 
y altísitno grado. Y .¡.si el nombre límpido viene a 
ser como una clave de todos los versi» coateaúlos 
en la obra, y dircccisinia clave de algunos poeoMS 
«seodalmenie ociemadas a. coaiar la toledaH. 

Cuaodo apenu algunas composiciones suyas ha^ 

bían sido publicadas, inicncras la autora se resistía 
u la edición cíe su liliro, tales versas eran dichos con 
¿rave \o¿ molvid.ible por Mjria l:us,'enia Vaz 
i'circira. Los dcca ante uoits niñas asombradas, en 
k pequeña aula de la Universidad de Mujeres. La 
clase escolar de Literatura se habia interrumpido; la 
sala había sido amoniguada con cautela en delicada 
penumbra; ia vo/ de Mana Ea¿;enia cantaba dulce- 
mente. Ya csiabair.üs soias con tila, lejos del mundo, 
en un mundo nuevo de alta y pura Poesía. 

Así pudo redimir los skio-, c¡rae atravesó, los seres 
que estuvieron a su lado, las cosas que tocó. Pudo etise- 
ñac Literatura alvatido los diüciles riesgos pedagógi- 
co^ creando clases vivas, en las que montaba paca 
tienpK la gr.indc'za del Arte, ta verdadera cara de la 
Fbesu; la vida moral del artista y algo difícil de 
labet en estos medios: la diferencia pnfoúd* tao» 
vida inteleaual y vida espiritual. 

Pasando coo gracia sobre la información árida, 
sobre los esquemas de la crítica académica, dió en 
tos ciases las claves esenciales de la ei^efienda po¿^ 
tica, sobre todo la conciencia de que la poesía es la 
más aha expresión del ser. Con gracia altiva, con 
libertad ejemplar, enseñó la generosa y justa afirma- 
ción de los graitdes valores. Y pudo hacerlo porque 



[X} 



LA ISLA DE LOS CÁNTICOS 



poieh uaa seguridad y una fuerza convincentes, que 
mqionfan de sóbito un respeto nuevo, profundo J 

eooobicccdor para quienes eran cap.ic-s de sentirlo. 

El paso era suave; la voz melodiosa — ¡la voz 
má» mrfiffl que pudimos oír! — ; los ojos dulces 
y tristes, como constelados; algo de seda y de siten- 
cio había en ella y a su alrededor. 

Ptro suavidad, música, dulce tri-iiteBl CpilMUI 
acompafiados de aquella fucr¡Ki y de aquella iegun- 

como si la categoría fcmdamLui.il iie su ser hiera 
algo corpóreo y mantuviera en ella una actitud por 
la que todo SU ámbito se transítirmaba en im Reino 
—en un sej^uro Reino del alma. Algo de seda y de 
silencio; al.no de nuicrna ternura suavizaba a estos 
grandes resplaadúM» y » Ic «ohumidad «iagnlat de 
su presencia. 

En esc Reino del abna, grandes, acrisoladas vk- 
tndes eran como estrellas cayo recuerdo puede ooit- 
movernos hasta las lágrimas. María Eugenia enseftaba, 
con su actitud ejsmplar. la amistad noble, !a entrega 
generosa; el desdén con resi^ecto al profesionalismo 
IkeniiOk a la vanidad y a la triste esclavitud ton que 
estas cosas traban al ser y a sus posibilidades creadoras. 

Y nadie se acercó a ella cpe no sintiera esa lec- 
C¡^ poderosa. e«e re^r^sindnr vivo como el íx¡egp 
del E^íiitu que irradiaba de todo su ser. 

Enseñó también, namralmcnre sin proponérselo^ 
frente a la aparición de un movimiento feminista 
heroico y generoso, pero desgraciadamente turbado 

por errores fundíimentales que aun padecemos, la 
grandeza de una presencia femenina íiel a su destmo. 



[XI} 



MAMÍA KUGENIA VAZ FBKRURA 



Y ranto como sí lihío de los errores dolorosos 
(U-l niuvimienio fcminúu de su ipOCM. {Nido iquicbi> 
iicrsc dísrnnrc de la llamada "pocifl íéaitttatl* ^fK 
abrumó a America en este siglo. 

Y esto ocurrió porque en María Eugenia se ditM 
el ejemplo de una mujer í]uc no traicionó nunca su 
mucendencia simbólica, sino que asumió maiavülosa* 
iiunrc aquello que en nuestros días Gertrude Von 
Le Fort invoca como rasgos iavariabies de la imagen 
femeiuna empírica, o sea, rasgos eternos en el sen- 
tido líniirado terrenal, cuando se refiere al "aspecto 
< á wi KO jnctaf isico de la mujer, de lo femeaino cnmu} 



Hoy pienso tn imágenes suyas que pueden ser 
testimonios junto a esta glosa. Entre esas imágenes 
amo algunas rrasceildeniiet'|r BtáÉi^'-if¡m:fm 'wm »M»-'^ j t |i^ 
hecho familiares. 

Y es, por ejemplo, el poema en que EmUio 
Oribe evoca aquella sacra música, aquella angusda 
metafísica, aquella actitud meditabunda, y aquel paso 
sayo solitario entre árboles y cadenas de fuego. 

O son aquellas memorias dichas coa «ggttV ' 
encanto por Sosaiu Soca: 1R.ecae(do una tarde, en 
(in teatro, durante un I:iri;n enrre.ir?o de una larga 
representación. Y en un momento en que todo pare- 
cía ser opaco e interminable, se abrió la puerca de 
un antepalco y en el claroscuro apareció dideodo 
algo gradoso y singular, interrumpido, o mejor dicho, 
seguido por una risa fr<-i nena-, baja e inimitable. 

"Sé que experimenté entonces una sensación im- 
pfevLsta: la de una arJieiue curiosidad surgiendo del 
centro mismo de la monotonía. Y una eqtecie de 



LA ISLA DE LOS CÁXTICOS 



Mombrad.1 gratitud ¿ntc el objeto de mi curiosidad. 
Era la sensación de una presencia particular y agra- 
dable rompiendo el círculo indefinido de la general 
ausencia. Y ahora sé que esa presencia era la del 
mundo poético y aquélla que involuntariamente 
habitaba, pensaba y se movía dentro de ese mundo, 
hacia participar de él a sus interlocutores foriu¡:o8. 
Ellos, sin procurar entenderla, la seguían bajo la ia> 
fluencia de un poder de comunicactóa GOO todos los 
elementos mágicos del juego". 



"Algo más tarde recuerdo una habitación coo 
tin piano. &a en on crepúsculo ya próximo a la 

ntxrhc, con una lentitud propia del verano, porque 
recuerdo tjue l;is hojas ;;olpeaban contra los cristales 
qiieri: n-do prolonií.irse hacia adentro. Ella tcKaba en 
U semioscuridad. Sus manos formaban parte del pai- 
saje de las hojas que, en un juego de sombras y de 
reflejos, se agitab.m sobre el tecl.ido con un temblor 
jjarecido a¡ <.|ue dencn sobre el agua. Sus manos 

Sarecían denias^.ulo p;.]iieftas para el !.ir,so camino 
t la música que ellas recorrían. Sensibles, perfectas, 
enn jooio con sa toíe y sus ojos las tres gradas 
naturales que la propia voluntad de destrucción no 
babU logrado aniquilar, rila s:<lía del piano como 
de ana pane de sí misma en la que hubiera debido 
somergitse, y sin terminar la pieza, decía un poema 
a la noche, y era imposible no ver que un imperioso 
mensaje, apenas tr.\nsform.ido, continuaba. Su voz 
era ii!.is haj.i. y de rnnos uniformes: decía lew |K)emas 
con algo de melopea que lógicamente debió dar una 
ei^resióo de moootonía a pesar de la calidez de sa 



(XIU] 



MAKÍA EUGBNIA VAt Tr.RREIRA 



LA ISlA DE VOS CÁNTICOS 



accnn). y. iiK'X]->licablcmcnte sucecii.i ¡o opuesto; tenía 
el p.iiuisirn) interior que no puede ser descrito, ¡mi- 
i.iijo ni olvidado. Decía su verso con todos los acentos 
corn^l^onJicaies «1 tecreco tnuice que cada una de 
sus partes le representaba, am las diversidades más 
sutUonente Individuales. Era la identificación reno- 
vada con !.i los.; poédca vivida y ésta estaba presente, 
apenas oclIu tn el esrerico plano de la discrecióa 
(Jiiiiscrvi ;n n: raenioiM d eco de la palabia "deses- 
pcratua" que yo retenia por priooera vez. ApaientC- 
mente pronunciada coo el mismo moo de las otras, 
para mí sigue saliendo de Sa yuaa COO naa lenritod 
siempre imprevista". 

TamS.'cn la veo mechas vcrfs como en el sig- 
nifi:arivo p-ísaje tjuc Pedro Le.mdro Inuche registró 
— ¡y que agradecérselo! — en t¡uc María Eugenia, 
con gc^ro tozoso y revelador de ejemplar generosi- 
dad, coiinmica a Rodó la aparición ée los poemas 
de Deimiia Agiaaait * qnioi db aAnif^ rnfvih 
dameote. 



Y todavú sueño otras imágenes que tengo siem- 
pre cerca de mí y que muchos conocen. Como aquélla 
lue en entusiasta glosa (él. que poseía lo que 
■3eSi.-arrcs llamó la mis nnWli- de las pasiones: el 
-ntusiasmo! ) Parra del Riego señala asi; "Oh! un 
retrato que yo he visto de esa época, con sus oja20« 
ardientes j melancólicos j ima eata de dít^ oua- 
tedosa jr distnida!**. 



Y aquella otra, quizá el más notable doLumenco 
entre la iconografía de la artista: un.i focografía 
inasible que las nobles manos de Enrique Dieste 
libertaron de olvido y de sombra. Todo allí ba recu- 
perado su rras< L-ndcntia, en una lejanía que la pátina 
del .ure dui .1 la imagen y que semeja aquella encan- 
tadora Il i iiii.i de los antiguos espejos, que han per- 
dido su primiuvo esplendor de joyas teludenies y 
que viven una vida más honda 7 más ioama* casi 
aterciopelada. 

Aparecen Maria Eugenia y Rubén Darío, en 
los di.is en que el poeta visitó nuestro pats. La 
comunieuciuri de lus dos grandes seres se ve allí a la 
par de su disuncia, como voluntariamente sostenida. 
Cada uno de ellos, en la posesión absoluta de su per- 
sona inconftmdible, de su profundo sefiocfo, afirma 
su tetoo solitario. No podrá vene nunca mis mis- 
teriosa distancia y a la vez más misteriosa transcen- 
dida comunicación. 

Estos testimotiios paralelos a los que podriaB 
agt^gaise otros, también fieles y vivos, 00 están tupi 
sólo por ei valor que como testimonio poseen. 

Quizá han sido tcaidot por tú seguridad de qne 
es bueno reunirse con otros seres alre^dor de María 
Eugenia y de SUS cantos; más que nada por aquello 
de ifK d eiaur RuoidoB "oo está osnio dé mMerio". 

Cuando se leen los versos de María Eugenia Vaz 
Fectein todas esas imágenes vietun a la ooocienda 
y su evocación se superpone de Imnediaio a la pie- 
senda de sus poemas. Tai es la autentiddad de esta 

obra. La corrcspondentia es can estricta, que no se 
trata sólo de los temas, de las palabras, de los senti- 



[XIV} 



[XV] 



tnientos aludidos; los medios utilizados por h - t 
lii t-stnii turu general de su compi>sición nos rc^ ¡ r .m 
iiittiis.iinLntc atjuella vo2, ucjucl paso, y toda l.i vid* 
LJipiriiudi que en ella tesplaodeda en la medida de 
su cristalitM dignidad, de so capacidad para leoon» 
dar, de su desdoo amoontoso y melancólico. 

Esta unidad de obra y de vida es la mejor prueba 
de los grandes creadores; tn M.:ria Eu^rru-i sir d;i 
glonos.inicntc; con ella se cmparcnca su moral de 
artista y, a l.i vez, d dcidao solitado dc la vida f 
de sus cantos. 

Los que conodmos esa actitud hetoica que día , 
teob pata afnmtai iodos los riesgo^ paia cetittic a 
la temadóa mundana, para sostener una austeridad 
que no excluye la graii.i sino rn ella descama 
y se fortalece, podemos .itinn.ir la rcl.uión profunda 
de- ^11 c^ciio de vivir y su cstiio de cantar. Tal la 
razón íuudamencal por la que esca pucsía es grande, 
ya que toda eiti apoyada en su ser, y aparece a núes- 
nos ojos con ese inconfundible "resnlandoc de lo 
verdadero** qtie los antiguos consideraban como 
carácter esencial de la obra áj Arte. 

Ese resplandor busio M.irui Kui;en¡a. Y alguna 
vea nos lo dice ton s.i un cjuc la afirmación y 
la súplica se conciertan para expresar la mis inienaa 
asfúndán de su vida y de su poesfa: 

Atm^ si iUrfJi nmi*, sé límpida y sonont 

El ea el poema Ave celeste en el que, junto a 
la evocación de campanas, nocmrnos, iiunensa lira, 
surtidores, rusas, escudas, y sobre todo esto, el alma 
y d canto dicta la vicucía da HaÚL ^ifl^***' 



LA jsu. u» cAimoos 



Entonce 
cómo sera divino 
tu canto cristalino! 

El grito clamoroso de Mgiatí* O Í9 MptamK0 
que hacia el espado ImMá 
m eco su elegía, 

*H el inmMtiíjJo crisol i$ la armonía 
h tncari en gorjeos M ^gko mufical: 
ok HmfiUo y J8MM pdim iá MU 

Tal "resplandor de lo verdadero" que aquf es 
reladón íntima entre la poc-sia y la vida de quien 
canta, se vincula con un hecho muy importante. 

Y es que en María Eugenia había un estilo: 
idéntico en ella y en sus cantos este estilo faaoe que 
su {loesía y su vida sean algo así como potentes lias 
de un mismo Espíritu. Esta fué una de las leccitme* 
f jnd.imcnr.ilc-s; su lección de cstiio. Para saberle la 
trascendencia hemos de tener en cuenta el sentido 
pcofniKb de la palabra estilo. 

Si DO se limira a la equivaleoda de este término 
con "el rasgo csiiccífico que marca y distingue c^ial- 
quier forma particular, tr.itc5c de una obra de Arte, 
de una personalidad hum.\na, de una vída común". 
Dice Romano Guardini: "El estilo es la rraduc- 
dóo exterior del hecho de «jue una manifestación de 
vida dñerminada ha encontrado su expresión ade* 
cuada y perfecta. Esta liberación expresiva, sin em- 
bargo, para que haya "estilo", deberá aer ul que el 
ser pariicuLu exprese un mensaje ffiOBOl. J qo* 
sobrepase su domiruo propio". 

Las poesías mis características de María Eugenia 
Vaz Ferreira poseen este don de estilo que «u per- 



(X>ai] 



iMatfA KÜGBNIA VAX * «» B t^ 



KMi» poiefa y que su persona les confiere. Por eso 
ra elJflS se coocierta lu cxpuri'-.-ui., más viva con una 
poderos» coocíentia de Arte, que lleva a austera 
selección, a gran sobriedad y a un oideo viro, one 
no tiene que ver ooo ningún oaden retádco convcn- 
aooaJ, sino con esBUCtntaa cicadu poe la artista en 
oda casQ a^fin «n «otido hondo y entjao de k 
Fbi'uia. 

A veces algam mécdota asoma, fugazmente 
apuntada, dando — como ú facía una clave de nota- 
aón musical— la pauta del teatídD lógico a la nK 
«jue la pauta de la enmctiua del poema. Ptto nn 
ngjr alerta, un pador delicado del alma, limitan esa 
indicación; la miden, la detienen en su punto es- 
tricto. Y la anccdow personal desaparece para trans- 
figurarse y aparecer como sustancia redkiida para 
la Poesía, porcinc la autora h» Mqnndido a la «néc- 
dota, a las inn<las literaólli Jfit lHb«M de k» 
criticas y de los Icaoces. 

Ya ha dicho su doctrina áÉilicá en Oda a U 

Mleza: 

Ob BgUtza, fue tú seas henJiia 
ya que eres absolutamente pura, 

yit que eres ¡nt iohidd. 
Umpida, firme, sana e im poluta. 



Eres maccesihh; 
»m pasiva y sola 
smcilla y sobrehumana; 
no inspiras, no padeces 
»l áomústh imperial da U materia 
mi l» MisU4a tmiétió» daí alma. . . 



rxvm] 



XA »LA Ds LOS cXimeos 



La evocación de un Arte de quietas formas, de 
armonía serena, de gloriosa pureza a la que ningiún 
agitado viento de la vida logra locar^ oot ncnecda 
t¡^ aqueUoi versos de Band^die: 

Je luis le mottvement qui déplace les iignes, 
Bt jam m jt n» pUm» tt jmm jtmHt. 

Y nos bioe sGÉMC 'CibB los osiwtttti' fiGiBi ÍlA Aifit 
clásico. 

Con esta noción abstracta de la belleza qne 
María Eugenia nos dice coincide sn estilo personal, 
su vida entera, el inolvidable acento de su alma. 

No significa esto que su {xiesía y su ser estén 
alejados de la vida misma; aquí, como en los casos 
más eminentes» k abstracción significa selectividad, 

puníicadón 9 fmik$ fto^iígem del y 
delofidob 

Como en el remoto ejemplo siempre vivo de 
la hoja de acanto llevada por proceso de abstracción 
.1 .i ) I corintio; o el de la rosa fragante y 
peicLcuc!.. que pasa a ser eterna rosa en la Arqui- 
tectura medioeval, aquí también todos los fuegos de 
la vida, las flores teinblotosas, el aire de los jacdinei, 
la sangre violenta o apacible, la pena de los sdioses, 
son substancia preciosa para la Poesía eterna, llevada 
a un orden, a iiti tii-mpt), a una imagen extática que 
ya no mcnrá y cjuc li.i de ci.R'd.!r para siempre en el 
aire del mundo, cuando ya pena, sangre y huesos 
de la criMam ■rmwwow an estín mi» sobn k 
tierra. 

Ese sentido de abstracción, explícito en k Odt 

a 1.1 BíÜl ?..! es un eliiiiento previo para fflMWKÍW k 
obra de Alaría Eugenia Yaz Ferreira. 



masía BVOntIA VAZ FEKKEiRA 



No éié yo acjui la critica escobr, ni aun 1a 
dd pw c iofe m o (éciiKO enere cuyos tiesgos CSti ít^ 
cueotemente ei de convertir d estudio ettUúttico eo 
d e d ylOTa fia invcsügacióa gramatical que aiata toda 
potibílklad de expetieocia poética. JBste modo de 
floiar oo es para este sitio ni para mi personal 
VOCadto. Lauxor llega a decir que en estos versos pooo 
o nada importa lo extcrwr. "Lo que interesa — dice— 
con uni-tortancia oo sólo principal, sído exclosfanit 
es ei espíritu, la entraña sangrante que ftbiitt f 
sufee con vibración de herida monal". 

La obra de M:irm Eugenia Va2 Ferrcira se lela- 
cioaa con elemcnius característicos de las diversas 
escuelas. En hneas generales podríamos vincularla 
000 el mudcrnismo; ul iué, por lo demás, ei rlima 
licerario de su ¿poca de creación. 

Aunque bueno es notar que, asi como ella se 
Sbmó de escuelas literarias, el lector debe asumir 
iCÓtud semejante. Ya Cirios \'x¿ Ferreira ha dicho 
XQRChas veces el exacto ¡xira los "scntidorcs" 

áo Arte: no juzgar por i'.t uc J is, sino por valores. 

En algunos momenios de La Liia d* los cánticos 
predomina un cuidado de la forma, on gran teoddo 
de la belleza abstracta, lo que determinó la califica- 
dÓQ de parnasiana formulada por algunos aíticos. 

Otras veces, el subjetivismo de los románticos 
invade su verso y lo einparcnta con algunos ejemplos 
típicos — sobre todo coa Hetne — . 

Una experiencia continuada e impoctuite^ du- 
cante largos años en que fué ptofunda sendidoca, 
ejecutante y composimra de Música, trasciende a sus 
versos y los relaciona con el simbolismo. Pero quizá 
de este movimiento, lo que más encontramos en la 
joet» de Marta Eugenia Vaz Tcrreiia es, poc la vía 



LA ISLA DE LOS CÁNTICOS 



musical tan específica, aquella entrañable tendends 
as Éatt% peto asumida en grado eminente y ooÉIo 
nigo caiacterístico por la escuela: la de teladooac 
las palabras, por su estructura y sentido, de un modo 

ta!, que ell.is cicspicrtcn en el Ictior al¿;o semejante 
a !a cxpcricniTia que el creador ha querido trasmitir. 

Desde lejos esa tendencia es algo muy vñrÍBUe 
en todo el proceso literario; ella está impUcitt ca 
la grao poesía de todos IÑ tiempos. Y el oiejor 
l4us de León — s^ún yo creo el de los Diálogos — 
lo ha dicho de modo getiial en aquel pasaje de Los 
nombres ¡le Cristo en que establece — p.irticndo de 
una liermosa imagen de espejos redoblados — la 
necesaria relación entre sonido, figura y sígnificadán, 
vecinas y semejantes "a cuyo es cuanto es posible 
«wcinane a una ooaa de tomo y de ser el sonido 
de «na palabra". 

En nuestros días, Thomas Merton dice esta ver- 
dad: "El jiüeta no usa las palabras meramente para 
declaraciones o afirmaciones de hechos: de ordinario 
eso es lo último que le conciesne. Sosca, sobfe todd^ 
juntar las palabras de tal maneta que ejerzan reac* 
dóo misteriosa y vital entre sí mismas y suelten su 
contenido secreto de asociaciones para producir en 
el lector una experiencia que enriquezca las profun- 
didades de su tspii.ii, de mcxlo singularísimo. Un 
buen poema induce una experiencia que no puede 
tec piodndda por ninguna otra combinación de pala- 
bcas;^ es, por b tamo, una entidad que subsiste por 
si misma favorecida con una individualidad que la 
caracteriza y disdi^gue de las demás obras de Arte. 

"Corno rodas las grandc-s obras de Arte, los poe- 
mas verdaderos parecen vivir una vida totalmente 
suya. Lo que debemos buscar, pues, en un poema no 



es una refeteocia acadental a al^o exterior a él 
misino, sino el principio interior íÍl- individualidad 
y de vida que es su akaa, "tu fonna". £1 "signífí- 
cado" verdadero de ao poema sólo puede lewmífae 
en el contenido total de la exiterienda poética que 
es capaz de producir en el Icccoc. JEai» «Spedeocia 
poética cocal es lu que 4 JCMH; tW» ét IIIMMIlllWlf 
al cesto del mundo". 



En toda la obra de Mana Eugc-ni:i sc puede per- 
cibir — como uno de i\is valores mas originales — 
este don para crear un lenguaje poético, una relación 
nueva j profunda de las palabras entre st; relación 
capaz de sugerir ricos estados de alma en el lector 
y hasta capaz de Sugerir aquella nostalgia que Itt 
llevado a un autor de nucscra < pcK i a dcfiiÚC b 
belleza como "el canto de una privación". 

En algunos poemas es mis patente la utílízB- 

ción c]ue para todo esto hace la autora del elemento 
sonora. De codos modos, su pofbia siempre canta; 
y L UI ls Jl i-m :iilar importancia; y debe mostrarse 
en una cpoca en ^uc se ha perdido la línea melódica 

Con sus medios estilísticos dice María Eugenia 
Vs> Ferrara temas esenciales, reveladores de su ser 
profundo. Ha elegido, pues, el camino más arduo^ 
Y su poesía musial. «fera, sobria, eíKá és 
Éjgnificación. 

Súbitamente se percibe que todo aquello a que 

[XXIIJ 



lA xsla de los cánticos 



•e lefiete la autora en sos versos, todo aquello que 
^ a bellos símbolos o a música melodiosa, 

na aido piofundamcnte vivido, conocido, sabido por 
ella. Así la noche, los surtidores, las flores, las estre- 
llas; una in.itinolia, una cara; la autQis 7 ti éw» 
púsculo; el viento suave que cruza; 

. . .si» decir tuds 

*í transitorio paréntesis 

suspenso en la sombra faga, 
cuando enmudecen ios cosas 
O toéUmIé mo emtím. 



La distancia que va de estos elementos objetivos 
a su presencia enriquecida y trascendcn-.e dentro de 
los versos, es una distancia exacta, de sutil medida, 
de cstnct.1 ¡x-rspcctna de Arte. Esa disrancia breve 
e inmensa, ptm s.ibre todo justa, predsa. s^ntfica' 
ova, mide lo que va de lo anecdótico a lo OKCigórico; 
de k realidad cooocet» al símbola Y un aire nuevo, 
OD mundo nuevo se crea alrededor de palabra y 
evocaeüo: es el mundo únko, original, creado por 
la que canta, por la que da este nuevo acento a las 
cosas y a sus nombres; acento por el que esta noche 
esta nieve, este árbol y este sci>dal de flotes son 
nuevos, únicos, semejantes a toda una Cfadidóo de 
árbol, aocbe, nievt^ ráfaga y flores; pero absoluta- 
mente nuevos^ con una significación ya cerrada co 
sí misma; y es que han sido recreados y doeadot de 
un.i vida nueva, tal la qoe K (ta ea Iw bctlot i^Mi 
de aquel Nocf«r0o.- 



ixxmj 



MASÍA EUGENIA VAZ FERREIRA 



¡Arbol nocturno, dnu míá, 
sólo mía y solitMria. . . 
aMtrto tstis por U nieve 
de ma nocb« triste y larga! 

Por eso si te sacude 
alguna amorosa rájala, 
en vez de M» sendal de ¡lores 
cae mut Ikirí» A UgiÉmit.,, 

El tema dramático cstá arraiwJo en casi todas 
las composiciones del libro. Se dice esic drama —que 
es, íobfe todo, U angustia metafísica, la conti;-i!Cia 
del propio tac conflkttud— ; se áice el amor |>or este 
drama; y la noche "hiedu. de soledad y de deaespe' 
ranza tan bella, qne María Eugenia k carat eam» 
siada o dolorida, ttansformándola en el ámbito ca« 
(Krm:inentc de su poesía, en la subsuncia m;t<; pr©- 
ÓPi Bi de símbolos vivos a través de los que nos dice 

Alcanzan entonces estos canto* so caiácrcr de 
«uténtica expresión existendal (dándole a este tér- 
mino los caracteres y la dignidad de su anti.guo Itnají, 
es decir, emparentándolo ton aquella expresión qae 
desde David clama con c ara de llanto o con sonrisa 
«nobada). Y así dice ella la angustia metafísica: 

AA, si pudiera desatar un día 



No sé cu.wdn labraste el signo ntio 

el crisol ,¡<rn>-,i¡}oso de tus gestas 

dónde cs:j:\i . . 

donde la proporción de tus desigtüos. . . 



{XXIV] 



LA ISLA DS LOS CÁNTICOS 



Y es la árida ejcperieocia, que culmina en aquel 
extraño poema La rima vacua, cerrado on la evoca» 
dón del "dúo de la nada". 

Habla a so eqieeanza. Dice deaolacKjji,, átida 
aobdad usKoaCt jr encuenoa, pata exgtmiBÉ m'tiui^ 
nada f ytWT*!) la rf»^ aiimi a da formal 

Ya te he visto venir 

Umea y piadosa como mt santo espíritu 

sobre el vaivén de las marinas ondas; 

La mita y la remita; la evoca en el íul^ot de 
ha estrellas, en unas llamas danzantes, en unas táfa> 
gas turbadotas, en tm fflá,gico abaxiica Y ante esas 
anágenes, frente a ese ir y venir de la ptopia espe- 
lanaa ftanifigiitada en nwliítyk!» famaa l^ga a deoe: 

Pero tt interior vuelvo los ojos 
peo la sombra de tes mancha Mjn^ 
Miro tu nebidosa en «/ vado 
dar poco a poco su visión susptltíaf 
sin el miraje de los fuegos fatttot 
mo hmihái» tmmmei^mgnik 

Y todavía!: 

No llores porque sé; ¡os ojos míos 
Sabe» vivir en lontatumzas huecas; 

hasta evocar el áldmo eacaemni coa eMa «pigM» 
muerta: 

ixxvj 



MAKÍA EUGENIA VAZ FERRKIRA 



Lula que junio a A iémbién tendidas 
nos abratemoi como hertaanas buema 
y otrg vtx enla-adui ru>s durmamOit 
m d stfdtro vivo d* ümml 

En !a vo:^ aconixalwda y rrisce de Mari.i Tugcnia, 
cuaiidú clecia estos versos, aprendí yo a pcri ibir qué 
exacca mcdid.i, i.¡ue exacio tiempo, c)i:e cxaeuLS sono- 
ridades dan al poema la presencia espiricual y cor- 
pórea que él tiene; y cómo esta presencia viva, 
apoyándote en oiúltq>Íes imágenes j severa música, 
coBsigae crear ona sola, abstracta, callada pretenda 
de Marta Eagenia y su soledad, ya separadas, ya jun- 
tas, ya identifiead.;s y — en tin— dominando con 
su uPiico ser soinbno las torm.is >]hc se evocan, para 
dar una imagen de la esperanza en concrapu&ición 
con la de aquella jMcuwani* <pie i^anoe ómo «tt 
na ( B W mfift iwecft 

Pvro li .;' /'..'ir;' ir vuelvo ¡os ojos 
veo Li síDubra i/t íu tiiancba negra. 

£9 <4 cainop a Ja noche ya no ct lóto ese tre- 
menA> dniña^Ün aota tierna, de tensihiliHad apia* 
dada, dcr compasión amoitwa Ift da CO W IDOdMIUO 

esencial del poema. 

Noebs, noche infinita, rincón de los oMdos, 
ptráán de penitentes que nuuci hu tetón íkd» 
más que cargar » soias el i^íodp mo^ffP 
sobre U ligereza eamíiva ür Mtf «Etf. 

y luego, al nivel de la úlri.na estrofa: 
[XXVIl 



LA ISLA OE LOS CÁNTICOS 



Dale a lo: hiTie^Vitos que tOiíjí'Li st/ctiiin, 
tus áureas icri;^;//cL:! y tu honia líe />/.,';./, 
V li mi, qi!4; te dtico inextinguible r /i't.'Líi. 
dame la eternidad de tu silencio, oh Hermana. 

Bn ese aire v.octoixo va a decir María Eogema 

sa tOÜt intitnn ser: 

Y no tengo camitio; 
Mit pasos im por la salvaje selva 
/NI m perpetuo af im amtra^et«tio. 



siento crujir ¡os extendidos brazos 

que '.iii.i l/ fiiuíírno tronco se repUcgan, 

tc/.'.-i'-. i'.:.'.'';'./, .folitíirtíi anviiüi.i, 

y m un perpetuo 4^án contradictorio 

mb pasos *ait por Ik J it i ñ ^ Jmím 

O en aquellos dos versos finales de La estrella 
ai tf iliwiiffiia* 

^^^^www ^^^^ew¥ 

mientras mis torpes hrazos rastrean e» ¡a somha 
- tifit- ia iitxfdiifíá^ éft 1100 #i¡fttMiWM otf^ 

BiWMlilli «quí en el centro vivo de la poesía de 
Mark Eugenia Vaz Ferreira. La profundidad de la 
experieoda que en ella se revela, da a esta poesía 
on destino solitario irreductible. Como el de l« doc- 
nina de su Oda a la Bellexa; como el de casi fodoa 
los rasgm ettíUsticos que informan su obra. Pero ea 
estos poemas mietafísicos, de tan profundo y miite- 



[ XXVU J 



MARÍA EUGENIA VAZ KERREIRA 



Mtfiá Bqgcoiii «lá ea el conate ta» 

mo de lü soledad. 



Esta linca de gran poesía cxistencinl alterna en 
el libro de María Eugenia con la del lem.i idilLo, 
con aquella en que la aiatura dice pausa tranquila, 
aite de jardín, «moroso trance, adietes y noscalgiu 
que nos recuerdan la sentiKMad de un BécqMC O 
de una Rosalía de Castro. 

Coindo veo estos duUes poemas junto a los 
Otros — a los dramáticos, a k» de linea heroica y 
sevettx metales — siento una emoción como la qne 
me embarga al desiuhrir en la obra de Durero. entre 
las aguafuertes en que la forma dice tirn.i de giicrra 
o tema de postrimería», aquellas violetas ritmas sólo 
apoyadas en sí mismas — «n ta sef de violetas — que 
sueñan la pau» de «mor, U contemplacióo naar 
quUa, el gosMO deJcise haga dd asadoc de Lt 
MtLmcoUa. 

Ea I» Strenata UMi l iin i whm r O h íim i Uit i ^ d 



A veces los dos modos se cnttaa: la linea meló- 
dkí, las imágenes oonoetas, claras, seodllas, son fai 
substaiida con la que se nos revela otra vez una 
dolotosa afirmación como en la Barcarola de un 
tteéptíco o en aquella Historia pósluma. o in la 
conpMidóo Pffd$. U$ celda, de sgpua ^ ^.^f"^"^" 
después im setuendt ^ qhseiéonsnttS 

(ZXVm) 



LA ISLA OE tos CÁNTICOS 



los aldilhoneí golpean 
con rumor Je tSernidad, 
)■ {■! cnr.tinn sditarif) 
le responde: "M.'tJ allá" , , . 

Stíf más allí de .</ mismo, 
mif ¿tu del pr<,¡w mal, 
amorosamente solo 
con su mal de soledad 



En fin, línea melódica e imágenes concretas dan 
el grave misterio de Ünieo poema cuyo secreto se 
sugiere, en gran parte por la vfa musical, muy sabía 
y sutil en esta composición, en esturfas ocAidss y 

abiertas a la vez a un infinito; 

Desperté j sobre las olas 
Afir 0ebé 4 velar otrm «wx. 

Bt d ndbt misterioso, el mis trascendente de 

los cantos de María Eugenia; se le siente animado 
por un saber extraño e incomunicable. Con imágenes 
desnudas, ron melodía lineal, con limpidez cristalina, 
ha dicho allí el sueño en el que se revelan al alma 
leticioaBS pnraonn os vscMf -amBsw- y BoieBMk 

En este extraño conrierto de !a imagen concreta 
y su sonibr.i: de !o oue es perfectamente dibujado 
V l.i l'iV" 'i!- 1 r;ih'e lirrchli. piirdr; estudiarse el don 
de inteligibilidad que María Eugenia Vaz Ferreira 
tuvo y la oo ci ri wgnd» de lo intágible y lo Mono 



[znz] 



Páginas 1 y 2: en blanco en el original 



RESURRECaON 



Qiiicro tenderme en éxtasis b«ato , 
cabe la fuente rítmica del verbo 
7 eacticfaar «n polífona annoiiiia 
e! hirrno espiritual del pensamiento, 
engarzado en fantásticas palabras 
qme k revistan con sa idkma exceho 
como piedras precio=as, fulgurantes 
«Id arco iris bajo el gran reflejo. 
Quiero que el surtidor abra ana labio* 
junto a mi oído relípioso y trémulo 
y semejante a la fecunda aurora 
tiegot j flamee lófare ú panpie nmerto 
haciendo resonar las arpas mudas 
y aromando las rosas del desea 
Quieto jmtar a la sonante boca 
mi nebulosa trágica de tedio, 
que la golpee la potente frase 
entre las ondas diibnas dd verso, 
y a la frescura de benignas lluvias, 
bajo el rayo inmortal del sacro fuego, 
en ciilticot de vida y de e sp cniM » 



Ifi 



* Página 4: en blanco en el original 



SÓLO TÚ 



Mi corazón ba rimado 
iDOa el corazón del día 
en nn palpitar llameante 
que ae convirtió en cenizas. . . 

MI eoraaón lia rimado 
con bs rosas purpurinas, 

y se cayeron los ¡léíalos 
de las corolas mardiitax. . . 

Con e! vaivén de los mua 
mi corazón hizo rima, 
y se rompieron las ciu 
m mgaim «Mbmt,* . 

Sólo tú, noche profunda, 
me fuiste siempre propicia í 
noche misteriosa y suave, 
nodie muda y sin pupila, 
que en la quietud de ta sombra 
guardas ta inmortal carida. 



MI 



* Página 6: en blanco en el original 



LAS QUIMERAS 



SiBagtit bulicnte de las bocas rojas, 

sangre que brilla 

y en recóadiios vasos se retrae 

cuando fervientes labios se avecinan. . . 

Paladar calcinado^ 
Uogim de fuego 
que lleva el peregrino 
bajo el sol meridiano del desierto 
y cuya sed no aplacan 
el límpido raudal de los oasis 
y el dulce jugo de ios ooooteroa..^ 

Collares desatados, 
lacias guirnaldas de los brazos quietos, 
ce&dk)res de amor nunca prendidos 
fdM-fitaedMir loa oncflos eÉMsdarioa 
T loa tonos aoUcitot» • * 

Cuencas de las 
curiosas de figuras, 
ebrias de perspectivas d esl un d u antes, 
conturbadas por blondos eqtejismoi 
adonde fácilmente 
se borran los mirajes 
como en el mar la curva de las olaa 
y li fttgu cstda de Ibb mm^, i 



17] 



Placa de oro para el son yi8|pídi, 
fibras de acústica sonora 
por donde ruedan todas las paUna» 
^ kagáspii ana ttcict» neñttii... . 

Campanas mndaa dé los corazones, 
cosas rebeldes, 
también como a vosotros 
más de una vez las manos me tendieron 
más de una vez riéronme los labios 
y se dcshiao en ciUdoa aromas 
lililí» de toa nslM iMWsioa. . . 

También como a vosotros 
miráronme golosas las papilas, 
que rayaron en tórridos incendios 
con brillo de fulgentes pedrerías. . . 

Mas wtgiá tommoite y tristemente 
porque tanatíén me Ufl|^eron en mal hora 
con sedes y ambiciones sobrehumanas, 
con deseos profundos c imposibles, 
ywoy eomo «oaotroa 
también ínaCBeaHvle e impotente, 
cargando con k cruz de la quimera, 
ajustada a la sien ardoa corona, 
sin poder daudkar 
y sin tocar la carne da Ip. yiálk 
jamás, jamás, jamás. 



m 



HAO^ LA NOCHB 



Oh noclie, yo tendría 
una palma futura, desplcgutft 
sobre d gnm derierto» 
<t tú trie das por una sola nodw 
ta corazón de terci(^lo negro, 
y yo, al compás de su- morena sangre, 

Mi tanto será vffO 
■ólo por el deseo 

de senoar h rynMwm «wpwtti , «> 

Oh noche, yo te quino 
sin el fulgor de lunitnosOB BBtRM^ 
sin marinos clamores 
7 sin la vos tp» f ioge 

cB los^eiáneos sc M o pw d raoof de lo^'-i^kirtOK» « 

Oh éidce nodie inla, oh dulce noche! 

Aunque el glorioso fiájaro fiel alha 
rompa después mi lapidario ensueño, 
tn potvo de huiuietad arda en mis ojos, 
y me seas de nuevo 
sólo una palma antigua, Rpk;gid|i 
•obre d gran desierta 



19} 



* Página 10: en blanco en el original 



UH4 Jalda dfl «mi; 

la llave, dáule €BkjiFájf 



Yo ¡íé (It- wn tHVj&TO libre 
qiije eii títn estrechi pxiaiún 
4iilHffin ihirí]^ untuda 
EDB ritamtilaB dc ADIOC', . r 



[li] 



BALADA DE LAS DULCES PERLAS 



En d crisol de tu boca 
quisiera verter mis lágrímM» 
esas derretidas perlas 

Sélo tfi nbes ser bueno 
y envolver con ttis palabras 
la inquietud de mis caprtdttlt 
y d vaivén ^ai mgtíxm. 

ÁiÉtt^ estés lejos te ^to 

tan cerca que no hay distanda, 
cuando en la noche profunda 
• se llora sin tener causa. 

Y en cl criso! de tu boca 
quisiera verter mis ligrimas; 
yo sé que me las darfaif 
en dtilce dicha trocadas, 
esas derretidas perlas 
dd hondo mar de mis ansias . . . 



£13J 



EL CAZADOR Y LA ESTRELLA 



A flor de vida van los corazones 
como estrellas de mar sobre las aguu> 
Van con la onda furtiva, distinta, 
en un roroántíoo jaego de girada. . . 
Boj^an los corazones 
como estrellas de mar sobre las aguas., 
Algunas fosforecen en la noche, 
o liajo el cabrilleo del sol danzan; 
algunas saben la ciencia quimérica 
y «e plasnian en peregrinas íormaa 
de fumen sacro, de frágil materia. . . 
Y como quiere la armonía cósmica 
que sean ttos los bandos cojTibatientes, 
armados van en sus flotantes barcas 
los cazadores con redes de oro. 
Oh derrotas 

bajo el vidrio de las olas sepultas 
con transparentes lápidas. . . 
oh victorñs que corona la espuma 
con risas quedas y con rníris Nancat.». 
prófugas que glisaron audazmente 
el rudo afiti de los conquistadores» 
fimAn versátil deJ eontüio errante, 
idílicos vaivenes 

burlando en un zig-zag funambulesco 
CW3 



Ié majestad de las proras triunfaleá. 

Y tó. viajero, nü dulce enemigo, 

que el guerrero atavio llevas quieto, 

el mástil sin pendón, la frente inmóvil 

bajo el fulgor |)r¡.smático del iris, 

<pe vas ciego a la luz y sordo al canto, 

vanamente los vividos corales 

como labios se pegan a tu borda, 

anida el viento en tus {legadas velas 

y te llaman con fantásticas liras 

desde las sirtes las rubias sirenas. . . 

tá no vas solo en la patria sin rutas. . . 

cuando a la vida toda cosa duerme, 

descansa el viento en su griiln íle nácw, 

las ninfas posan la discreta mano 

«obre las Hras mudas, cuando cierran 

m boca azul el florecido loto 

y sus ojos las lámparas sidéreas, 

cuando nada está vivo, cuando nadie 

vivo está más que tú, viajero triste, 

ma estrella de mar, 

la más limática, la más rebelde, 

hija del arte y de la libertad, 

al impulso de un arcano deseo, 

el alma a media luz, sola y distante, 

va siguiendo en silencio hora tras hora 

k misteriosa estela de tu nave. 



[16] 



NOCTURNO 



l Ailnl «MÜBine, ahna mía, 
sólo mfa y solitaria. . . 
cubierto estás por la nieve 
de una noche triste y iar^I 

Por eso «i te sacude 
alguna amorosa ráfaga, 
en m de un cendal de flores 
cae iim nnfift de üg^bm.,. 



117} 



* Página 18: en blanco en el original 



VASO FURTIVO 



Por todo lo breve f t^k^ 
nperficñl. fngitívoi, 
por lo que no tiene basrs, 
•rgumentos ni principios; 
por todo lo que es liviano^ 
vdOK. mudable y finito; 
por tas volutas del humo, 
por Iris rosas <\c los tiiWM^ 
por la espuma de laa olas 

< 7 ba bramas dd olvMo. . . 
par k) que Ies carga poco 
m hs pobres peregrinos 
de «ta trashumante tierra 
gisTe 7 lunática, brindo 
con palabras transitorias 
y con vaporosos ^'inos 
de burbujas centelleantes 

'A'MMiIh garturadiaos. .'. 



Í19] 



* Página 20: en blanco en el original 



SACRA ARMONIA 



Valioso fSaas ét k mmonía 

con una gloria ilUBa(ería! y mística, 
misteriosa, dolorosa y profunda 
m la visión de su potencia arcana. 

Glorioso placer de la annonia» 
despertar de su sueño 

disperso en chi9{!^..$$ifiai!l'j^^ 
entre las cavidades de k aotdam. . . 

Gloñoso placer de la unnunía, 

jugar con ellas un divino juego 
de per l ección y de iiunortalidad. 

La fantasia, como d sol 7 d viento^ 
del silencio y la sombra 
los divinos destinos les arranca; 
la fantasía, «ome 4l aci ardiente 
la Cantad como d viento alada. . . 

V vuelve al numen con su gran tesoro 
y hay una boda extraña 

de un misterioso amor que resplandece 
prendido al oro de su misma ílama. 

{21} 



Qorioso placer de la arrocMiia 
imt^culada. 

¡Oh lüs cor-,c)iü>larlorcs 
entre el eco de las ondas sonoras 
y I» iidgimdéa dd arco fari»»,* 
Stt exaltación gloriosa y pal^HUlte 
en los sublimes juegos 
con la rosa de la policromía 
y con la lira magistral dd vertx>. . . 

Cómo ascienden las rftnneas escalas 
y las albas clarean, 
y se unifican para ignotos himnos 
ohs de un mar en iaqui^nd perpetta. . 

¡Olí los conf|iiistn(l()rcs, 
cuando brota ia voz que llevari 
diálana y |Nifa como un son patricio 
d pensamiento hacia b libertad. . . 
Cuando en el bloque límpido y severo 
sobre la blanca rigidez dd mármol 
lamsa la curva su infinito vuelo. . . 

Cuando 

surge la íornm de la nueva gracia 
coa vibración de rumorosas dtaras 
O con serena majestad de ^tatual 



122} 



GloritMo pbcer de la amonfi. . 



Alguna vez en el turbado numoi 
palidece la fuerza insi^ratoría» 
pero la amBKmda iutaaía 

prosigue W camino, toca el astro, 
y en el interno alcázar triunfalmente 
se endende en fuego el pórtico sagrada 



* Página 24: en blanco en el original 



MIRAJE 



La verdad vive cti la lumbre 
y en la sombra las mentiras; 
^ eso tálo en la noche 
tus édlees o|oc me adras. 

El padre Sol se levanta 
desgarrando las tinieblas, 
7 tus ojitos. . . se esconden 
con las pálidas estrellas. 



[231 



* Página 26: en blanco en el original 



ms DESTS81AJQ08 



Vm fría, tarde triste 

yendo por una apartada 
ruta, al través de los turbio», 
cristales de ana ventana 
70 lo vi gaUardameitte 
airvado sobre las fragnu, 
£1 cabello sudoroso 
en ondas k negreaba 
chorreando salud y faena 
sobre la desnuda espalda. 
Le relucían los ojos 
y la boca le.brillaba 
henchida de sangre roja 
bajo la ceniza parda. 
Y era el acre olor del hierro 
taz de chispas incendiarias, 
rudo golpe del martillo,, 
vaho ardiente de las ascuas, 
qtie las mal justas rendijas 
hasta mí fhiir dejaban 
con ecos de cosa fuerte 
y efluvios de cosa sana. 
"lÜat 4e ks niiéricordias . 
qtK los destinos amparas, 

f^inifo jOM «cfaaste a ^ vida 



¿ por qué me pu^te un ahnaf 

Mírame como Aliasvero 
siempre triste y soUtitria, 
con 

y las divinas palabras. . . 
Mírame por nú camino, 
como por una vía apia 
de sonrisas incoloras 
y de vacias miradas. . . 
¿Por qué no te plugo hacerme 
Hbre de secretas ansias, 
como a ta feliz doncella 
que esta noche y otras tantM 
en el hueco de esos brazos 
baBatá k suma gracia?" 
Así me quejé y a poco 
seguí la tediosa marcha, 
arropada entre las brumas 
pluviosas, y me obsediaban 
como brazos extendidos 
los penachos de las llamas 
y tinos ojos f eluttet m 

ail'ttulc ;c r.ji'Iejaba 
el dora<lc> y luminoso 
serpenteo de las fraguas. 



mí 



EL MENSAJERO DERROTADO 



A buscnr mi infiel tesoro 
va por el camino incierto 
fogoso corcel que azuza 
b iliertid 

y d corcel de mis añores 
ún alzarte caballero, 
tendido queda a tus plantas 
en hbatfM. espuma dwhedao^» . 



[291 



* Página 30: en blanco en el original 



EMOaúN PANT£ÍSTA 



Señor, te diré <|iic la sabrosa belleza 
de esa tu carne pálida, me hace llorar de amor; 
lloro por la magnolia de tti cara, por esa 
cara que ( -tá ^l^•^tn^■:I.•! solirc su tallo en flor. 
Laureando con tu gracia mi gloriosa tristeza, 
con hojas de tus ojos de cambiante verdor, 
vas hasta el fondo arcano de mi naturaleza 
por todos mis jMdioes y siempre venoedoc. 

Señor, qui?4 tii eres suavemente fuerte, 
quizá til cáliz dona consolación de muerte 
a tiempo que florece tu espléndido fervor; 
también yo soy amt)igua, por eso es que te sieato 
y lloran, atando abres bajo mi pensamiento, 
mi tttnm y mi creptisculo su rocío de amor. 



en blanco en el original 



ODA A LA BELLEZA 



Oh Belleza, que lú seas bendita, 
ya que eres abeolutanwnte pura, 
ya que eres inviolada, 
litiJiiiila, íintie, sana e impoluta. 
Fuente de la divina complacencia, 
oaús «nfinito 

que prodigas los éxtasis beatos 

y las románticas oonten^l^ciones. . . 

Adonde quiera que tu signo luzca, 
adonde quiera que ta esencia encunes, 
«merge de tu ga^a iantasia 
rm:^0diimtok y ItrníiMMi, 
una fruídóii j^ofunda e ineíáUe. . . 

Eres el caaee jmfidlco 
surtidor de armonía, 
crisol de místicas depuraciones, 
la veta que colora y que sublima 
el eterno miraje; 
eres !n gema niiyusta 
prendida sobre el arca 
fértn áel fuiivem»; 

Aunque el ciego te ignOf^ 
el profano te niegue 



C33] 



y ti infiel te repudie, 
eres eternamente triunfadora 
sobre la indiferencia de los nedoi 
y la conjuraciÓB de los apóstatas. . . 

Aunque los pecadores 
te inculpen sus pecados, 
y te acusen los réprobos 
de atributos malditos, 
eres inmaculada e nocente; 
no te corrompes cm k biél éá oéki 
ai la pomofia del ama sacrflqio. 

Eres inaccesible, 
tns pasiva y sola, 
sencilla y sobrehumana; 

no inb^piras, no padeces 

«1 dominio imiicrial ilc la materia 
ni la sensible turbación dd alma . . . 

Entn iodo* k» acMrtedBdefitM 

evoluciones, mitos y teorías, 
entre la suficiencia que te alaba 
y la diversidad que te interroga, 
tá te levantas religiosamente 
dentro la urna dúctil de tu íCrma 
como en la alada prez del incensario 
k innwmidail de la sagrada hostia. 



134] 



Oh Belleza, que n'i sc,-i= I't nd-Ti, 
más b sabia legión de tus a¡xj3ioles, 
la entraña que te crea, 
el sol que te ilumina, 
el prisma que te agranda, 
la plancha que le copia, 
el áureo pedestal qiic te enaltece 
y el soberano lis que te corona. 

Por eso sobre el plinto de tu imafeo^ 
sobre la majestad de tu hermosma, 
«obre d falgor joyante de tos iris, 
«obre la egregia línea de tus curvas, 
pongo la rendídóa del canto mío 
a tu srada inowrtal loa f eamda. 



193] 



* Página 36: en blanco en el original 



UBERATÓRIA 



Acordeón de rudas voces 
que cerca del puerto suenas 
ttt cuciátt twdbk "dc-ndfciiBi 
ún alcfiiu ni penas. 

De adioses de tierra y mar, 
polvo y ntée^ faaa y áúo 
en perpetuo ritornelo 
de pasar» pasar, pasar. . . 

Lo* «tetaos mveganftef 

dejan su ruta infinita, 
como los fieles amantes 
tienen contigo una cita. 

Y las manos marineras 
te dan sus caririns vanas 
entre sotas cantineras 
7 perfumados nirvanas. 

Te cantan vagas canciones 
con la mirada perdida, 

pOf 'W^ HtBeA ttti aottcv 
damorear de de^effida. 

tm 



manen cx>ros peregrinos 

que se van entre las bnmias, 
grito de albatros marinos 
y evanescenda de espumas. 

Acordeón de rndas voces, 
tu corazón es de viento, 
y ta musical acento 
pofifonia de a^oaes. . . 

Ah, quien pudiera imitar 
el alma tuya viajera! 

Quién pudiera 
irse sin cesar. . . 



BARCAROLA. DE UN ESCÉPTICO 



Alma mía 
que tornas al viejo lar 
con la red seca y vacía 
de las orillas del mar, 
ccm la red seca y vacía 
que en la {denitud del día 
no te atneráte a arrojar. 

Yo he visto los pescadores 
pescando gloria y amorae 
que disiparon después. 
Unus llevan cosas muertas; 
otroi las llevan desierttií ■ 
lo nifmio M. 

Alma mía, 
que la red seca y vacía 
no te atreviste a arrojar. 
Entre la arena y las olas 
existen dos goms wIu: 
• morir o matar. 

Alina mía 
que traes la red vacía 
de las orillas del mar. . . 

C»} 



Página 40: en blanco en el original 



TU ROSA Y MI CORAZON 



Antes que entre tus labios y mi uído 
el ciprés del silencio, largo j mudo» 
alce su quieta cima, 
de tu palabra en el cristal sonoro 
dame una roja rosa, que será 
por tu lirismo y tu carne fragante 
rosa de amor buaMno y rasa tnístiea. 

La prenderé en mi pecho 
sobre la palpitante rosa mía, 
y del perpetuo beso el tibio roce 
eqi«rdr& sus perfumadas ondas. . . 

Hoy. 

ebria de aroma me será brindada 

la belleza infinita. . . 

y en mi larva fugaz aiando se apaguen 

los armoniosos éxtasis, 

me envol\crán las perfumadas ondas 

en su mortaja amante y siempreviva. 

Dame una rosa, antes 
que el ciprés largo y mudo, entre nosotros 
alce su quieta cima . . . 



ina 42: en blanco en el original 



A HEROS 



Heros fecunda } pia, buena como om lKiautiia 
cuya complicidad d sacro amor eonolniia; 
estrella soberana 

protectora de idilios» esircüa peregrioa» 
ca&ntBs y coánttt vccm tu lángara divina 
prendió para nd» iiodic»sa blonda filigrana, 
y cuántas fue que el ritnx> de la elocuencia humana 
tendiera en mis oídos su alada serpentina. . . 

¡Cuántas y cuántas veces 
mientras me susurraban las rogSPtivas prece» 
dijérate ctt dñencifr: il^lübdní^i^ tpeséímt 
{Asi como en el vaso de márgenes cerradas 
vertieran sus tesoros las pródigas cascadas 
Irisaban tus ofrendas sobre mi corazón!. . . 



VÍA SECRETA 



¡Cuántas cosas, dueño mió, 

cuántas hay que nos Separan; 
ruca, abismo, mar y cicIO, 

Pero yo te digo un nombre 
y tantas veces lo digo 
que tengo una ruta abierta 
entre mi boca y tu oícli«. 



14)1 



¡na 46: en blanco en el original 



EL ATAtm FLOTANTE 



Mi esperanza, yo sé que t6 estíii nmerta. 

No tienes de los vivos 

más que la instable fluctuación i)erpelm; 

no s¿ si un tiempo vigorosa fuiste, 

ahora, estás muerta. 

Te han roído quien sabe 

qué larvas metafísicas que hicieran 

oitre tu duke carne su coBedit. 

En vano 

el mágico alanico de tus 

con irisadas ráfagas me orea 

soltando al aire txahaáona dúapn. 

Yo sé que tú eres de esas 

que vuelven redivivas en la noche 

a dedr otra vez su última verba. . . 

Ya te he visto venir 

blanca y piadora rnmo 110* santo espíritu 

sobre el vaivén de las marinas ondas; 

te t« lirto en «t ^tgor de las estrellas. 

y hasta los bordes de mt quieta planta 

danzan tu»; llamas en festivas rondas. 

Pero si al interior vuelvo los ojos 

veo la sombra de tu mandia negra. 

miro tu nebulosa en el vacío 

dar poco a poco so visión saspensa; 

r4n 



sin el miraje de los fuegos fatuof 
veo la sombra de tu mancha negra. 
No Uores porque sé; los ojos míos 
saben vivir en lontananza!; huecas; 

míralop secos y tran'¡iiiIo<; márchate 
y el flotante ataúd reposar deja 

que junto a tueftüá «ewÉlft 
nos abracemos como hermanas buenas 

\ otra vez enlazadas nos durmamos 
en el sepulcro vivo de la tierra. 



{491 



voz BEATA 



"Hija" me han dicho tus ialliOit 
"Hija", que duke canción 1 
Y a la stAtL ÍBcSna mfii 
qué bien le liego esa vosl 
"Hija", palabra divina, 
tan llena del Uoiubre mismo 
más que mtínm éttaa»i. 
"Hija". . , 

Todo hombre es un poco padre, 
por amante y por varón, 
sexo superbo e invicto, 
hecho de sublime andada 
y de pudor; 

tCKD 4e ertatiias, tallado 

ot fuerza de inspiraciún, 

Helios vivo, mansa luna, 

alma y carne y sangre y fuego 

vencedor. 

P<ir eso tu nombre, "Hija" 
fue como un rayo de sol 
sobre el sudario de nieve 
que envuelve mi corazón, 
y en mi solitaria estancia 
cuando la noche llegó 

^^^Ab^^^ M^^^^Ék '^UA^^^^^^^^ ^^^^^^^^^^ 

IW PBI unt JUUiDfe uuef a 



[49] 



que daba un tibio fulgor 
y me dormí dulcemente 
profundamente arropada 



{301 



INVOCAaON 



Oh nocbe embriagadora 
hecha de soledad j de dewsperaiisa, 

que brindas en tu COpa de azabache y de estrellas 
sobre la tierra ardiente en (quietud derramada. 

Noche de las defioias nmdas y 

de que gozan los muertos vives conm fantasmaa, 
abrochando en la sombra su camal vestidura 
iwMtWta de enflorar la fiesta meridiana. 

Noche, noche infinita, rincón de los olvidofl, 
perdón de penitentes que nunca hicieron nada 
weáá que carg^ a solas el pesado madero 
ioibre la Ugeten cantíva de sos aba. . . 

Te e^ero día a día 
para esconder mis horas en la paz de tu lápida, 
cuando las ondas vivas su vibración aquietan 
bajo la fuera ignota de atávicos nirvsoa^,, 

7 en hmsibles 80{dos 
d «amen secular su insptraddn levanta 

del fondo de los tiempos para Riem])re extinguidpS, 
aunque la rueda cósmica traiga sus añoranzas. 



Yo no sé lo que dice tu boca abierta y mudl 
al que doró su tienda con oro de esperanza, 
pero yo sé que sabes con amorosa 'cfteBCÉi 
tenderte suammoBt» sobni d afana auandat 

Tu voz dice en silencio tu eternidad futura; 
k rúbrica del "Fin" está en tu ébíMaft mancha, 
aunque a besarte vengan en sus carros sonoros 
con mas auiedas rubias las doncellas dd alba. 

Todavía los mundos 
relucen en la bóveda ríe tu urna saíjrada; 
un viejo tesorero se ha dormido en los tiempos 
j ha «tvMají» en ta loado snt Ü^bris iHhi^.^^ 

Dale a los bencditos que todavía sueñan, 
tus áureas lentejuelas y tu hostia de plata, 
y a mí, que te deseo inextinguible y única, 
dame la eternidad de ta sflenda oh Hermana. 



* 



HISTORIA POSTUMA. 



Todo me lo diste, todo: 
d ritmo antl^ 

S^oitdoftéBi 

Las palabras melodiosas 
divinas cotno el silcQCio^ 




> r''.^ríi (le nieve v oro 



[jcriuuudas de secretos. . . 

Las albas anunciadoras 
de los venturosos días 
iienchidos de primaveras 
refii^entes de sooiiaas. . . 

Las piltdas ndliulosas 
de los ciclos taciturnos, 
la soledad, el olvido 
y la pax 4» lot «flÁercM. 



(33} 



* Página 54: en blanco en el original 



BEATITUD 



Con el vaivén de sus ondas 
nachos cantos me lian mecido: 
pesados fueron los besos, 
las risas y los suspiros. 

Tus brazos han de ser suaves 
como el ritmo de las cunas; 
quisiera domiinne en éOot 
y oo deapertanne nana. 



* Página 56: en blanco en el original 



INVITAaON AL OLVIDO 



Humedecido en nu lloro 
fiameó ta blanco paSsdOb 
y calló su ritornelo 
nuestro adiós largo y sonoro. 
Se unió el quejuniljroso coro 
del viento a mi acerbo duelo, 
mientras me miraba el cielo 
con M» favilas de «lOi 

Resonó el postrer silbido, 
tras el cresp&a de la brama 
el Iniquc ocultóse al par; 
y brindándome el olvido 
en su ancha copa de es{>unia, 
'^dbe"» me deda d toar. . * 



1571 



* PAGINA 58: en blanco en el original 



HEROICA 



Yo quiero un vencedor de toda cosa, 
kMwoerible y únioo. 

En cuya grácil mano 
M quebrante el acero, 

el oro se diltiya 

y el bronce en que se íuiidea las corazas, 
<i tfiSdo gmako de k» mum 
las rocas y las piedras 
los troncos y los mármoles 
como la arcilla modelables sean. 

A myo pie sin valla y sin obstáculo 
las murallas amengüen, 
se idvelen los pozos, 
las columnas se trunquen 
7 se al»an de par en par los pórticos. 

Que posee la copa de sos labios 

d licor de la vida, 

d yirus de la muerte, 

la miel de la esperanza, 

las beatas óUeas del olvido, 

7 dd divino amor las hostias sacras. 



Que al erótioo influjo de sus ojos 

se firipnricii los cristales, 

la nieve se calcine, 

se combustione d seno 

v^gfalll de las selvas 

y se empenache con ardientes ascuas 

el corazón de la rebdde fémina. 

Que al rayar de sa testa ifacninada 

resbalen de las frentes 

las más bellas coronas, 

tos ]ib«n» se borren, 

rejíHegtie sus insignias 

la faz del estandarte 

y vacilen los símbolos ilustres 

sobra sus pedestales. 

Vo quiero im vencedor de toda cosa, 
donador de serpientes, 
encendedor de astros 
transponedor de abismos. . . 

lif- que rompa una cósmica foiÉl 
OOOlO el derrumbe de una inmensa tom 
con sus den mil almenas de cristales 
quebrados en ta bóveda ¡nftnita, 
cuando el gran vencedor doble y depon^ 
cabe mi planta sus rodillas ínclitas. 



ELEGU CREPUSCULAR 



^■¡i..i;tí. ('e las leves zlUf 
azulr.'>cnte silenciosas 
y azulmente solitarias, 
anónimo pasajero 
fugaz en trxlíis las patrias* 
en ias misteriosas selvas 
y en las pitiu oniiiicas, 
viento suave del crepúsado» 
viento de las leves alas. 
Tu roce sobre mi frente 
tiene la néum «fktda 
de la luna entre Ins ruinas» 
de los óleos en las llagas 
y de tas claves que aflojan 
el cordaje de las arpas. . . 
Tu fresco soplo serena 
la exaltación de mi altna 
fosca Út Umbm*' ffis liwribrc 
y esperar sin esperanza 
por haber nacido pósluma 
dentro de su propia lápida. . . 
Viento suave del crepúsculo 
Olio cruzas sin decir nada 
el transitorio paréntesis 



suspenso en la sombra vaga, 
cuando enmudecen las cosas 
o todavía no cantan* 
cuando de los rojos toles 

palidecieron las flamns 
y las nocturnas estrellas 
estin todavía pálidas. . . 
Si yo supiera estar triste 
yo me desharía en lágrimas 
para que así me bebieran 
las caricias de lÉs r&fagas. . . 
¡Qué lindo renunciamiento! 
jQué liberación beata! 
Viento suave del crepúsculo, 
ú tus brisas me acabaña, 
amlmcnte silenciosas 
y azulmente solitarias, 

viento de Iits toras iíb» , . . 



LA ESTRELLA MXSTEÍtlOSA 



Yo no. té ééaát está, pero su luz me llama, 
joh misteriosa estrella de un inmutable sino!... 
Me nnnibra ron el eco de un silencio divino 
y cl luminar oculto de una invisi|2le llair^ 
Si alguna vez acaso me aptito éá auám^ 
con ima fuerza ignota de nue\-o me reclam: 
gloria, quimera, fénix, fantástico oriflama 
o un imposible amor extraño y peregrino . . . 

Y sigo eternamente por la desierta vía 
tras la fatal estrdla cuya atracción me gub, 
mts n^nca, néiin, vénat a revelarse llega! 
Ptro ta luz inc llama, su silencio me nombra, 
mientras mis torpes brazos rastrean en la aombra 
con la desolación de una esperanza ciega. 



ce} 



* PÁGINA 64: en blanco en el original 



£L REGRESO 



filb de vober a ti, propidk tíerr^ 
eono «na vez surgí de tus entrañas» 

con un sacro dolor do carne viva 
y la pasividad de la¿. cslaiuas. 
He de \ oh er a ti gloriosamente, 
triste de orgullos arduos e infecundo^ 
coa la oirenda vital inmaculada. 
Ufo éd, tmmáo Umwte el «ipo aáú, 
el crisol arniottloso de tos gestas 
dónde estal a . . . 

dónde la proporción de tus designios . . . 
Tú me brotaste fantásticamiSÉte 
con la iiuiclud de la serena sombra 
y el trágico fulgor de las borrascas. . . 
Tú me brotaste caprichosamente 
alguna vez en que se confundieron 
ttts potencias, en una sola ráiaga» . • 
Y no tengo camino; 
flds^ tmm «ata por la salvaje aán. 
en iin pepduo afin contradicttnrio» 
la N oluntad incierta se deshace ' 
para tornasolar la fantasía; 
coii luz y sombra, con silencio y canto 
el miraje interior dora sus prismas; 
mientras que siento desgranarse afuera 

(Al 



con llanto musical los surtidores, 

siento crujir los extendidos brazos 

que hacia el materno tronco se repliegan, 

temor, fatiga, solitaria angustia, 

y ea un [>erpetuo afán contradictorio 

mis pasos van por la salvaje selva. 

Ah, si pudiera desatar un a 

b tmidad integral que me aprísional 

Tirar los ojos con los astros quietos 

de un lago azul en la nocturna onda . . . 

Tbw li teGa flnda entre los cálices 

cuyo ferviente aroma sin destino 

disipa el viento en sus alas fbtantes.^. 

Darle el útimo adiós 

ai insondable emgma áá deseo, 

cerrar el pensamiento atormentado 

y dejarlo dormir un largo sueño 

sin clave y sin ftilgor de t ede n e fa nea. » . 

Algima vez n>e llamarás de nuevo 

y he de \o!\ i r a ti, tierra propicia, 

con la ofrenda vital inmaculada, 

m wá «gMt iaa t t tt e ri |& toda eavtntei. 

como en una bandera fibertada. 



im 



HOLOCAUSTO 



Quebrantaré en tu honra mi vieja rdldi^ 
si sabe conilmtirme la ciencia de tu mano, 
si tienes la grandeza de un templo soberano 
ofrendaré mi sanare para tu ídoÍBCtÍB. 
Naufragará ei, tus brazos la prepotencia mía 
sí tienes la profunda fruición del océano, 
y á sabes el ritmo de un canto sobrehuniano 
ailendar&n mis arpas sa eteitta xaáoébi. 

Me volveré paloma si tu soberbia siente 
la garra vencedora del ¿guita i>otente; 
ti sabes ser fecundo seré tu floración, 
y brotaré una selva de cósmicas entrañas, 
cuyas salvajes frondas románticas y hurañas 



£671 



Página 68: en blanco en el original 



SERENATA 



Te giista que esté a tu lado» 
te gusta aa canto alado 
«saque iA no natía 4||M^ mi amor; 
eres triste peregrino 
amas la gloria del trino 
y yo soy un ruiseñor. . . 

I>a misma fuente murmura 
tu ventura y mi ventura 
aamqoe ni no me lo digas, mi tueo; 
y aunque no me dij^an nada 
ni tu voz tú tu mirada, 
todo tú me dice: *1r«ttir 

Alguna cercana noche 
o alguna noche lejana 
romperá mi pico el brodie 
seeteto de tu ventana, 

y con las alas tendidas 

para remontarte en ellas 
llevaré nuestras dos vidas 
a ftmdirse en las estrdlas; 

Verás qué dulce fulgor 
aunque tú no me lo digas, nii amor. 



* Página 70: en blanco en el original 



LA RIMA VACUA 



Grito de sapo 
llega hasta mí de las nocturnas ciiarcas . . , 
la tierra está borrosa y las estrellas 
me han vuelto bs wfwMat. 

Grito de sapo, mueca 
de la annonfa, sin tonos, sin eco, 
Ikfi liasta nii de hs aoctanias dtarcas. 

La vaciedad de nú proftmdo hastío 
rima «m & d Mo de la nada. 



1711 



* Página 72: en blanco en el original 



DESDE LA CEL^ 



¡Ay (le aquel que fuera un día 
novio de la soledad! 
Despoéí de este mm Mtp^aaúi. 
¿a quién aimui? 

¿Quién sia dar nada se entrega 
y estrecha sin abrazar? 
¿Quién de un vacío tesoro 
liaoe que se pida "más!"? 

¿Qué araña ¿nvisIbhHy HMldíi^ 

carcelera singular, 
teje sus rejas abiertas 
y el cautivo no se va? 

Ijos aldabones golpean 
con rumor de eternidad, 
y el corazón solitario 
k nipaii(k}'''lili^'*. . . 

Sí, más allá de sí mismo» 
mSá allá del propio mal, 
amorosamente soh 
con su mal de soledad. 

tm 



Afuera ríen los soles 

tus vitrinas de cristal 
racinx)s de perlas vivas 
al pasajero le dan. 

Por los caminos del mundo 
cruza la marclia ttttmfaL 
Svohél. . . siga la ISMíta. • . 

¡Ay de aquel que fuera un 
novio de la soledad! 



AVE CELESTE 



Alma, aé Ubre y rauda, se líni¡)ida y aonora 

como un maravilloso pájaro de cristal, 

en cuyas alas canlen las perlas de la aurora 

y tas campanas suaves dd himno vesperal 

De toda resonancia, la vibración perciba 

sobre su espejo armánioo ta carne sien^treviva. 

Alma, sé sensitiva 

oono un nuravilloso pájaro de crislaL 
La inedia noche tiembla su cabrilleo astral 
y ^or la voz de viento la soledad suspira; 
aima, tiende tus alas sobre la inmensa lira! 
De ta revuelo cósmico para el flotante c^jo 
esplenderá la pama del íon y del reflejo, 
poniendo en ti la rima plural de sus encalas 
y la visión del iris al arco de tus alas. . . 
Todos los surtidores dirán su fant; sía 
en el inmaculado crisol de tu armonía; 
crisol hospitalario de purificación 
que hace al reflejo diáfano y melodioso al MI.. 
Todos los sunidorcs dirán ?ti fanta-i'a; 
ondas del pensamiento, rosas del corazón, 
plegarías que se esconden entre los lalnos mudos, 
dxxiue de los esaulus 

que hace lucir la torva fulcncadán del bronce. . 



tu cuita cfhUiM! 

Ei Krfto elaiiMriMW de tuswlift « <i« tasptxtoM 

iine hachi ol espacio baza 
sin eco hu eAe^'in. 
en dI inmucu.ado i:rísiA do La 
lo troc«rá en jcorjeos tu pico : 
olí IfinpUa y acoon pájaro de «ristall 



176] 



CASTO VfiBfiAL 



A ti, iralnbm. mí BuyreiEifi den, 
ti^d^ Fítia lí- e-^pf!:^:Ly.?r2 iTii-n. . . . 

el tediq de ]rb, mtu ludlBltM, . . 
Tiende 

i^HÍerfl brtier íüi Ui f-npr: de oro. 

Quiere oaiLurfie ¿Ji el EAOsUtí^ 

tfiudahk flu AUA íltrooíij ¿¡TPTfla m ub fikiiw 

renyo cikajo ra 

Ha£D(]!klci [<cr vdartlBoa fecundu 

■o IT3fll(l(3i(>a(^ (1? ¿iereíitdaff . . . 

A i-i, JWlIillirií, qiK- tÍL-^i'l'"= -i Til:i^^Í£, 

r iiiiiatulii & 1a 1(kb traigTn nTiBTiin'fl 
de Ifl loarardlloH ¿^aLm» tíu. , , 
|0% pmñmda, valiente y fngozp 

dfl uudilum perlu en inurtDiitlQ, 
de bUnEU ióbAb y dd Tüjsa. Somu. 

Anfora 

dfl tamptiaUdfiá y coosiallACÍxMues^ 



de suaves lluvias y síHttBttS ndtts. . • 

de sonoras cadencias, 
de cnijiente espuma, cascabel marino, 
de místicas hostias y de miel pagana . . . 
No hay un teiofo foi «qpc^ 4 tMgpo 
en abundancia de oportBñW:g|]M 
para quimeras y reveladones, 
grandes historias y leyendas magnas; 
no hay un tHOto que supere al tuyo, 
vertiginoso para la elocuencia, 
inagotable para la ilusión, 
lineo para el numen romancesca 
y ntu^eal para el divino amor. . . 
Por tu vocero el invisible espíritu 
se j|^ori£ÍCft en vívidsts ofrendas, 
«t Ira tafien bs tmaaim Sbmi 
y el cora/.i')ti henchido te desborda 
en sublimes poemas. . . 
Por ü 

MÉve ^ hroan triunfal de lo» escudoe 

brotaron rosas trágicas» 
cuyo fragante olor de sangre noble 
blasonó las estirpes y las razas. 
Por ti 

Cft las verdes pupilas de las fieras 
las sombras de los ímpetus salvajes 
se trocaron en húmedas estrellas. 
Por ti se aM6 de tnticliw Rxas dnns 



el regazo feraz 

y en el dulce licor de stis vertifiOleS 

ae confortó la esperanza mortal 

Yo no sé en qnf fwtistica matem 

al cicultor de la progenie biimatia 

le plugo modelar la estatua rala, 

que no al^da la luz de las auroras 

ni ^ oMore cofteulo marchita; 

pero >i alguna vez mi corazón 

abre a la vida su raudal interno, 

ú se doran mis áridas llanuras 

y se pueblan de esquife^ '.vas océanos, 

si se viste de estelas fulgurantes 

la nebulosa noche de mis piélagos 

y 1m atas sin sol de mis pendones 

en mudas onda* flotan a los vientos, 

si gorjean mis pájaros, será 

cuando en la entraña de un sacro alldido 

safan lidiosa de mi tumba viva 

cfaofne sn Bama tu rxyo de fuego. 



* Página 80: en blanco en el original 



voz DEL RETOBNO 



Nada le queda al náufrago; ya nada: ni siquiera 
la dulce remembranza de un viejo sueño Taño, 
ni la marchita y frágil ala de una quimera 
que al estrecharse deja sti polvo entre la mano. 
La media noche es tarde y ci alba fue temprano, 
y d orgullow^ le 4i}fr 4kl«Ql: "Espei«"; 
quiea sin bcsarin aspirn la flor de Prteiavera, 
pasa como una sombra por d jardín humano. 

Violetas de los prados en el solar fragante^ 
rosas de los pensiles rojas y perfumadas 
que al pasajero abrieron su misterioso broche; 
d nánfittgo setoma como tma sombra ensntt, 
sin una sola estrella de flámulas doradas 
con que alumbrar el fondo de su infinita noche. 



* Página 82: en blanco en el original 



IMPROMPTU SENTIMENTAL 



Déjame que hoy te acaricie 
auzique te olvide mañana; 
b abeja liba en la rosa 
y al ain tienda cas ak». . . 

Del mar las ondas azules 
una vez bcMii U ^^kKjm, 

y el céfiro rumoroso 
dice su secreto, y pasa. . . 

Déjame que hoy ii irnricie 
aunque me olvides mañana; 
fíc-trmuU, gloria del mundo, 
sie4rmiit, teoL tm faataimaa. 

Ven, que el furtivo momento 
dice dukes palabra^ 
y lo que vciirlrá otiO <Ba 
quien sabe cómo se Oatna. . . 



* Página 84: en blanco 



lal 



ÜKICO POEMA 



Mar sin iiDinhre y sin orillas, 
soné cotí un mar inmenso, 
que era infinito y arcano 
era» d e^acio y k» tiempos. 

Daba máquina a sus olas, 
vieja madre de la vida, 
b nwert^ y ellas cesaban 

Ot&nto nacer y txutar 
dentro la muerte inmortal I 

Juíjando a cunas y ttunbw 
estala la Soledad... 

De lírunto un pájaro errante 
cruzó la cxteniiión marina; 
*^jé... Oiojé..." repitiendo 
«t quejosa mancha ¡ha. 

Sepultóse en lontananza 

gotcan<.!n "( 'linjé .. Chojé..." 
Desperté y sobre las olas 
me ecbé a iriÜtf ^ vei. 

l«53 



* Página 86: en blanco en el original 



FANTASÍA DEL DESVELO 



AhÉ». mía ¿qué 
en la nocturna hota, como los centinelas, 
con los ojos abiertos para mejor velar, 
si no tienes ningún tesoro que guardar? 
Qué yelas, ahna mía, 

mientras que asordinadot en au funda aosatría. 
néMan sin cesar 

WBoora» wt wveno Km M t. v p e unn t wgim t 

Que guardar n! esperar tienes ningún tesoro^ 
Sotm A oleaje inquieto, 
no el birreme de oro 
llega para la cita; 

no te revelarán la Esfinge su secreto 

i£ lili «ifiSÉIi füÉgiSéám j^l l^tjfmait* 

¿Por qué guardas celosa con» un soldado alerta 
mientras reposa iodo tu solitaría puerta 
si no tienes ningún tesoiO ;!^ «SeOltart 
ninguno que esperar?. . . 

Es en vano^ alma mía» 
es en vano que veles. 

La noche pasa sobre sus fúnebres corceles, 
y e! sol del nuevo dia 

con la irisada pompa de todos stis c,iirek<; 
se quebrará en el fondo de tu urna vacia. 



Página 88: en blanco en el original 



ENMUDECER 



Quien no sabe cstnr alegre 
no tiene por qué cantar. 
Si se derrotó a ú mismo 
¿qué en8efiar&7 

A repicar las campanas 
con bronces de funeral, 
k» enlutados darines 
a retoñar. 

Quien no sabe estar alafre 
rime a sf ¡nismn su tnal. 
Por eso enfundo mi flauta, 
la del ambiguo cantar, 
y^uien me esctiche, oiga aólo 
ni paso en la soledad. 



* Página 90: en blanco en el original 



APÉNDICE 



* Página 92: en blanco en el original 



£11 triTiTicTameulfi, al qnu «ti, mba girit^ |-o lcso^Ijí^ú la 
Ld hacía fliedJuiculjt nm dar eoi^iu dr uu can^piaL 

■(.i Kn '.I' — II ' ilriii. ].>iT-'ji^''ü 11 ^i^iniiiio^ -^i' 'ji i- y i 'íi 

■■km. bü «J iwuani^ 

liU r4?AidB que- cuautldlí BOU tfEUtdHMta lut- Qhi «Lía faaMa 

iajaRutn r^) liiiin ¡141 r-- iy rívn rw^a™ ííiLíb^!0 r*rJi'j|i. l'l 
Kc Lxflutii ^ .LL u.u'.^í.i : u ú. li-^ Luís ^MíJtjo;. fM^alA, 
a Lie ^^iLa |:J.rtc. -ffl^ <1c: qjc.iiii-tc:Ii ■. ■■■ ■'-■13^ l-ib f^FLC'bi^ L.uc itni;^ 
& úOrc^Lfi ü tíÁi üipicja ca^LiB. luimiiukuiia JTcniH Lid prdob&a. 



<lJ jit.'i-l n'-K^LlJ.WÉILr-r ü-C-n liAlij^ rKrn-l.:i- iIr L^1A1L-ntA y 
tTH bO't^'-i-- C'U'il':--' «ILj hJfa.J. dt^-Ki iii : i.».ü-^ ^ i i: 1 .1 |ü.r^ 

«anta JV#lík,i.i; it Untrri l.n Irt^ tlnTi»inflí3ü:l r&eui^^Ek. Ja. lLiiuJj/d4 
'TTim^ PXfüKLl", |.L I II -1. rziH iii rr^xiii-i>^ tDJilD qUiT 14 pidEUBU 
TAIDM Jj. tltiiJ^ti^rk. i-M^hJju I.H. hn.í«E|^.i4''¿ tiu iIijO, ¿- 

fliUllniBie a nm r^iLiila fla giu la TQlTlijri ^ ui^Jult. r-V ICh OUJ 



[93] 



en cuanto » los iii*nu4Crito», dificfen «Igo entre sí T tienen 
aígnitt naaalu. Lo que he creído deber hacer es lo siguiente: 

r^ ff^t^^ he podido determinaj- cu*l fue la úitima versión 
o correcctdo, atenenne s día: «f. he respeudo Us mcóitica- 
ciooes que iatfodujo aun en composiciones ya pnlilicadas; 
in.^ que iBe oottitt bao por ctciúpoios de ouo oideo 
^ fll aniiiioa: a» k> a«I atftia tu ¿om oomplctE. 

Pero, en denos c»»o», ao U41UOB « ler corregidas 1m 
pcuelias, r. de U* copias mamitcrnw, no he podido determinar 
cnil es I» definitiTa. He deUdo, cMOom, elegir por presun 
dones r. al^uM vet, al ant. XuMéa eneoaaé dificultades 
en cnanto a la puntuación: en parte, porque la de ella era 
personal, 7 en parte porque, como lucía tantas copia», tendí» 
S detcnidarJas piecisamente en laj ultimaj. En ckh casos, sobre 
lodo cnaado esta difkulud podU afectar el sentido, he pre- 
ferido, o no poner signos, o de^^ la puntuacióti inMctcrminada, 
no poniendo ninguno que pudiera fijar un sentiJo no «|pn» 
Hay partes así eo "El Regreso" j en otras pocsi.is. 

Si en otro estado de espíritu o en posesión de datos nueWi 
pudiera más adelante perfeoiooar este trabajo, lo ini«ntaré pata 
ottaa edidenet; y taiabúín resolveré si debo publicar otras 
poesía*. Pira uno y otro fin, pedirla a las personas que tengan 
de ella poesías manjstntjs lo i3<xo difundida», aun entre las 
pnblifuiitj «inisieran <tMniini<'<r"^i«fi asi como canas o datos 



Indice 



Sei y poesía de Maria Euflcoia Vaa Fenein VII 

Cricedo ^ cm edidte ..^*i..^.,., TtnSttt 

La Isla db los Cánthxm 1 

^ ResufMccióa 3 

Sólo t& • • > •4r«.»|.«.,«,t ^s^v^'v «<«««4icfrt4*;*-.r«'*4'3»ft4 -5 

Lai quiflieiu 7 

Hada h nodie 9 

Avpir/.rlíti , . , , , . ■ 11 

BaUtia (le lu dulce» pezlat 13 

m caador y k«MQl IJ 

Nbctarao ., 17 

Vtw fBifho 19 

Sacra amioaía 21 

Minje 25 

Los dotacndoi 

jn neoMíera defiwndo 29 

BaaocUa paattíMa 3i 

(Ma la Bdkaa 33 

XibcttMm 37 

BanaiDla de un cKíptico ..... — ......»...4,*>'«»» i9 

To KM y mi «snióo 41 

A Hbm 43 

ncMn 45 



1» 

El «taúd {loante • ^ 

\ox bírtfc ♦<••.>«•»»•»»••--■»•"'-»*•••' »»-"'^"**-»*»* ^ 

InTocacUa • 

HísiofM póffuma 5J 

Dcaiitud • 

Invitación al olvido W 

Heroioi .4 -i..*. 59 

Elegia cicpuicular 6* 

La cftcelk mitMiioM <55 

El tígfeso 65 

Holocawto 67 

Seicoatt €9 

la rima vacua 

Desde la cddi '3 

Are ccicwe ••:«.■,» •.»*t-..-tt>» ■• • • 

Canto *erbal T7 

Vo» del retomo .¿.í>í\.... 81 

Itnrrnm;iru (cnTÍmcntal ^5 

Onico poema 85 

Fantasía del dwwto #.'i-*,«>*/«*'* »> ^' ^ 

Eomudccet 89 

ArÉNDKB » 

No» 4* Cuto Vai Fcsxeia 9J 



VOLÚMENES PUBUCADOS 



1. — Carlot María Ramírez: Artigas. 

2. — Carlos Vaz Fcritrití: FERMP-Vi AlOdk 

3. — Cailot Rcyk*: El Tbuuño y Pommx 

4. — Eduardo Acevedo Días: ISMABL. 

5. — Carlos Vaz Tcrrcira: SOBIS LOS rROl<l.™ss 50< Ialps, 

6. — Orlos Vjz IViiciu: SOBRB LA IROriUJAD DH 1 -í, 

TIERRA. 

7. — José María Rey»: OESOUPOÓN GEOCsAfka OEL 

TERKirORIO DE LA REPÓBUCA OL filL UHDÉaár. 

(1er. tomo) en prensa. 
g. — José María Rey»: Dl.SCUlFriÓK .'^.l.nr.R.^Flf A DEL 
TBXUTOUO DB LA RSPÚBLICA Q> OBL U&UOUAY. 

{2* tocoo) «m pmué. 
9. — Fmadico Banzá; Enmuot imunak 

10. — Sansén Carrasco: AurfcULOa. 

11. — FrjDCiscü Bauzá: ESTLIDIOS CONSTITUtlOMAUB. 

12. — Jos¿ P. Masacra: ÜSTI.'DIOS FILOSÓFICOS. 
13» — £1 Viejo Pancho: PAJA VtJÉhk. 

14 — Joté Pedio fiellan: Doñauamoha. 

19. — Eduardo Acevedo IMaz: SOUDAO Y El combatí OK 

1 A TAPrRA. 

16. — Alvaro Arniando Visseur; TchjoS LOS CAN10S. 

17. — Manuel Bernárdez: Narraoones. 

18. — Juan Zoftilla de San Manin: XA»A<UÍ. 

19. — Jnia de Viana: GAUCHA. 

ao, — Matk Eugenia Vas Konaint LA »IA DI LOt 

CANTICOS.